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Emmanuel Tanús: el último gran grabador de la escuela poblana

La historia del grabado mexicano vivió su penúltimo capítulo, y probablemente el más destacado, en el pasado siglo XX. Junto al muralismo, la escuela mexicana adoptó las diferentes técnicas de la gráfica para reproducir sus mensajes y democratizar el arte. Aquel gran movimiento nacional que tuvo su centro neurálgico en la capital de la República y que en lo que respecta al grabado quedó sintetizado en el nacimiento del Taller de Gráfica Popular tuvo su reflejo local en los diferentes territorios de la vasta geografía mexicana. Así, por ejemplo, a mediados de siglo nació en Puebla nació el Primer Núcleo de Grabadores, impulsado por tres grandes artistas que hicieron del grabado un pilar fundamental de su trabajo: Erasto Cortés Juárez, Ramón Pablo Loreto y Fernando Ramírez Osorio.

Los artistas del Primer Núcleo de Grabadores compartieron intereses y amistad con sus compañeros del Taller de Gráfica Popular y otros colectivos gráficos de la época, pero también supieron marcar diferencias. Pese a asumir la temática nacional que dominaba en el arte de la época, los artistas poblanos elaboraron un discurso en el que lo local tenía el protagonismo. No rechazaron tampoco el compromiso político pero lo situaron en un segundo plano para priorizar la realidad social de su entorno. Así, es frecuente encontrar en la obra de Cortés Juárez, Pablo Loreto o Ramírez Osorio escenas callejeras, representaciones del folklore local o muestras de la arquitectura local. En cuanto a la técnica, mostraron su maestría en la xilografía y el linóleo aunque destacaron también por sus incursiones en otras técnicas como la litografía, el aguafuerte o la punta seca.

En la segunda mitad del siglo XX aparecieron nuevos movimientos que transformaron las reglas del arte mexicano. Los grandes maestros de la escuela mexicana fenecían y la gráfica poblana asumía los nuevos discursos y propuestas de la mano de artistas como José Lazcarro o Bulmaro Escobar. Desde entonces a esta parte, la gráfica poblana ha seguido contando con grandes representantes como Joel Rendón y, probablemente igual de importante, un sentimiento de colectividad cuyo culmen se reflejó en el catálogo publicado por el MUTEC en el año 2009 bajo el título Gráfica poblana contemporánea. Acervo del Museo Taller Erasto Cortés.

Década y media después de aquella publicación una nueva generación de grabadores poblanos está emergiendo. De entre todos ellos cabe destacar a Emmanuel Tanús, un artista que está sabiendo sintetizar lo mejor de las técnicas tradicionales del grabado con la innovación y temáticas del mundo actual. Tanús es ya, con permiso de los maestros consagrados, el último gran grabador poblano. Esta afirmación, que con su carácter dicharachero y sencillo me ha refutado en alguna ocasión el propio Emmanuel, no es gratuita. Para ello basta echar un vistazo a tres aspectos de su trabajo: discurso, temática y técnica.

Emmanuel Tanús es un artista que encuentra inspiración tanto en su experiencia vital como en su entorno cotidiano. Su propuesta es eminentemente figurativa, como la de los mencionados Cortes Juárez, Ramírez Osorio o Joel Rendón, pero como ellos no renuncia a una realidad propia, a un lenguaje personal que nace de la simbiosis entre la nostalgia de la infancia y la experiencia de la adultez. El trazo predomina sobre la mancha y pone de relieve el talento nato que tiene quien no ha cursado una formación artística propiamente dicha. Eso no es impedimento para que Tanús juegue con los espacios, con la luz, con el aire. Si algo distingue a un buen grabador es su peripecia con las herramientas que transforman la placa para crear ambientes, a menudo en negativo, que embauquen al espectador.

En sus obras se observa una preferencia hacia los paisajes y la gastronomía (no es difícil de entender para quien ha visitado el estado de Puebla). La literatura, mexicana y universal, y el propio trabajo de otros artistas, destacando a maestros grabadores pero incluyendo a referentes de otras disciplinas como la música (su otra gran pasión) son otros de los temas recurrentes en su trabajo. El entorno y las experiencias propias, siguen siendo, como hace casi un siglo lo eran para los artistas del Primer Núcleo de Grabadores, los temas sobre los que Emmanuel conversa, reivindica y denuncia en sus obras. No en vano, el arte gráfico es para él una herramienta de transformación social.

En cuanto a las técnicas, predominan las tradiciones como el linóleo y, en menor medida, el metal y la madera. No obstante, Emmanuel no tiene miedo a probarse y utilizar nuevos materiales, ya sea en las matrices o en el proceso de estampación. Más allá del grabado se le adivina buena mano para el dibujo también aunque hasta ahora no se ha prodigado mucho en otras disciplinas más allá del grabado, donde mantiene una prolífera y constante producción.

Por todo ello, Emmanuel Tanús representa el puente entre la fértil tradición gráfica de Puebla y la exploración de nuevas narrativas visuales, la síntesis entre el respeto por la herencia de los grandes maestros del grabado y la exploración de rutas inéditas. Un artista poblano que ya ha sido reconocido con exposiciones, talleres y presentaciones en diferentes instituciones dentro de México, como la Universidad de Colima o el Museo de la Ciudad de Mérida, y fuera de la República, como la Fundación Casa de México en España o el Museo PENN de Pensilvania. Un grabador que, a día de hoy y por mucho que pueda dudar de ello, ya puede considerarse el último gran exponente de la escuela poblana de grabado.

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